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El sendero se inicia junto al parque de Los Rulos. Salimos por el camino de la Varga, hasta un cruce próximo que se gira en sentido sur. Al llegar a la vía de servicio de la A-3 se localiza una Derivación que visita la choza de Pancho.
El sendero cruza la autovía por un paso inferior y continúa por pista entre olivares y pinos. A la izquierda se alza el Cerro Pelado, y poco después se llega al paraje de Los Terrones. Siguiendo el trazado se divisa el cerro de Santa Quiteria, con su ermita de reciente restauración, y caminado entre tierras de labor se llega a la Derivación de acceso. Desde esta amplia atalaya se obtienen vistas del valle del río Júcar y los pueblos de alrededor.
Cerca se encuentra la Casa de Carvillos. El sendero continúa por el camino de las Riscas hasta la casa del mismo nombre, para seguir después por la misma pista hacia el este. Pronto la traza gira a la izquierda. Tras varias intersecciones el sendero cruza la rambla de Tébar, que puede acarrear alguna dificultad en caso de lluvias torrenciales. El sendero se eleva hasta las ruinas de la Casa de las Marañosas de Abajo.
Se continúa por la rambla de las Marañosas hasta las ruinas de la Casa de Marcos, para salir después a una hoya de terrenos cultivados. Al poco se gira para seguir hacia el norte por el paraje de la Retamosa y la pista de servicio de la A-3, que cruza por el paso inferior y continúa dirección oeste. Pronto se deja la pista para tomar un camino entre olivos. Tras pasar la Derivación al manantial de la Fuentecilla, el camino desemboca a escasos metros del parque de Los Rulos.
Tipo: PR
Distancia: 16.00km
Formato: Circular
Dificultad: Media
Cotas:
Desnivel acumulado:
Tiempo de recorrido: Entre 4h y 6h
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Tébar es un pequeño municipio de la provincia de Cuenca, situado en la comarca de La Manchuela, en una zona de transición entre la llanura manchega y los relieves más suaves del interior conquense. Su historia está ligada al poblamiento rural de época medieval, dentro de los procesos de repoblación cristiana tras la Reconquista. Como muchas localidades de la zona, nació y creció en torno a la agricultura de secano y a las vías de comunicación entre Castilla y el Levante.
El principal referente artístico es la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora (BIC desde 1983), que combina elementos de tradición gótica y reformas posteriores, reflejando la evolución arquitectónica de los templos rurales conquenses. En ella y en su entorno se ha desarrollado buena parte de la vida social y simbólica del pueblo. El casco urbano conserva rasgos de arquitectura popular manchega, con viviendas de fachadas encaladas, rejas de forja y patios interiores, muestra de adaptación al clima y a los materiales locales.
La cultura de Tébar está marcada por el mundo rural. Las faenas agrícolas, los ciclos de siembra y cosecha y la vida comunitaria han configurado costumbres y formas de relación basadas en la cooperación vecinal. La gastronomía tradicional recoge platos manchegos sencillos y contundentes —gachas, migas, pisto o asados— vinculados a los productos locales.
Las fiestas patronales y celebraciones religiosas siguen siendo momentos centrales del calendario cultural, con procesiones, música y encuentros vecinales que refuerzan la identidad local. También pervive la tradición oral, con relatos y memorias transmitidas entre generaciones.
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El entorno natural de Tébar se sitúa en la comarca de La Manchuela conquense, una zona de transición entre la llanura manchega y las suaves sierras del interior de Cuenca. El paisaje combina campos de cultivo con pequeñas elevaciones, ríos y barrancos que estructuran el territorio, ofreciendo un entorno rural variado y visualmente abierto. El clima es mediterráneo continentalizado, con veranos calurosos e inviernos fríos, y precipitaciones escasas y concentradas en primavera y otoño, lo que condiciona tanto la vegetación natural como los cultivos.
El municipio conserva áreas de vegetación mediterránea, con encinares dispersos, matorral y ribazos junto a cursos de agua, donde se pueden encontrar especies típicas como tomillo, romero o coscoja. Esta cubierta vegetal favorece la fauna asociada a los ecosistemas agrarios y forestales: aves esteparias, rapaces y pequeños mamíferos.
El paisaje agrícola domina la fisonomía del territorio, con campos de cereales, viñedos, olivos y almendros. La agricultura de secano ha marcado la organización del terreno, mientras que la ganadería extensiva, especialmente de ovino y caprino, sigue presente como actividad tradicional. Las parcelas se alternan con caminos rurales, ribazos y setos, formando un mosaico típico de La Manchuela.
El municipio conserva un carácter rural auténtico y atractivo para el senderismo y la observación de la naturaleza.
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